domingo, 6 de marzo de 2011

ANTONIO BURGOS Y CARLOS CANO

Este domingo de carnaval, vamos a recordar la labor poética de Antonio Burgos, escritor y periodista sevillano que colaboró con Carlos Cano en los años 80 para componer unas bellas letras que enriquecieron la trayectoria musical de uno de los cantantes más representativos de nuestra cultura andaluza. Una de las más famosas, la “Habanera de Cádiz” nos servirá además como homenaje a esta ciudad andaluza de la gracia, que estos días celebra sus fiestas más famosas. Antonio Burgos (Sevilla, 1943)  ha dicho siempre que la letra de la habanera fue “una  declaración de amor a Cádiz”.
A Carlos Cano (Granada, 1946-2000), ya le había hecho la presentación de su primer LP: “A duras penas” (Movieplay, 1976). En esa ocasión nos dice Antonio Burgos:

“Entregada a la ideología dominante, a Andalucía le habían quitado la voz, y lo que fue la grandeza de la copla del pueblo se quedó en la anuladora mirada de la niña en el rio, en el triunfalismo del vino, del aguardiente, y de las mujeres bonitas, en la opresión del rosario con los dientes de marfil. El pueblo andaluz había perdido su copla, su voz, su esperanza, su alegría, en el lento tren de la emigración, en la esquina de los paraos, en los taconazos pintureros del boto señorial. Ahora Andalucía empieza a recobrar su futuro y le llega su canción con Carlos Cano, quitando penas, quitando hambres. Porque las canciones de Carlos Cano no son más que una contribución solidaria a esta lucha colectiva que Andalucía ha emprendido con su liberación”.

El primer disco en el que colabora con Carlos Cano es “Cuaderno de coplas” (1985). En el corte A4 graba las "Habaneras de Cádiz"  y, según González Lucini, “fue el inicio de una nueva etapa en la carrera artística de Carlos Cano que comienza en 1983”. Carlos cambia de compañía discográfica, de arreglista (Gualberto García, guitarrista del pionero grupo sevillano de rock Smash). Es cuando comienza Carlos Cano a  interpretar copla clásica.
Antonio Gala en la carpeta del LP nos dice con respecto a sus canciones: “Se mece de la ternura a la ironía, de la majestad a la malicia, de la historia al pregón, de la rebeldía al carnaval, del llanto a la meloja”.
La segunda colaboración fue dos años más tarde en “Quédate con la copla” (1987). Este disco supuso un cambio de casa discográfica y de arreglista: Carlos Montero (cantante Argentino cuyo verdadero nombre es Juan Carlos Zamboni). En ella introduce cuatro composiciones suyas: en el corte A2 “Proclamación de la copla”; en el A5, “Copla de los seises”; en el B1 “Habaneras de Sevilla” y en el A5 “Pasan los campanilleros”. Todas con música de Carlos Cano, menos la ultima, que se toma como música una marcha procesional de la semana santa de Sevilla que es del maestro Farfán.
Al siguiente año se produce su última colaboración con Antonio Burgos, en “Luna de abril”. En el corte A4 aparece “Sevillanas de Chamberí” y en el B4 “Caridad del cobre”. Por último, el mismo año de su muerte en el 2000, aparece un CD recopilatorio de sus éxitos. En el corte 2 están las famosas “Habaneras de Cádiz”.
De  los cantantes que han grabado versiones de estos temas se encuentra María Dolores Pradera, que popularizó las “Habaneras de Cádiz” al grabarlas en su LP “Reverdecer” de 1986 (corte A1). Dos años después, en “A mis amigos”, canta las “Habaneras de Sevilla”, pues uno de “sus amigos” era Carlos Cano. En “Toda una vida” de 1995, en el corte 5 canta la “Habanera de Cádiz” y en el álbum “A Carlos Canos” de 2001, que lo dedica a recordar a su gran amigo muerto, la vuelve a cantar en el corte 5. En la carpeta de este álbum nos dice Antonio Burgos:

“Estaban hechos el uno para el otro. Como escribí aquella letra, sé mejor que nadie que Carlos Cano descubrió las hermosuras de nuestras “Habaneras de Cádiz” la noche que se la escuchó cantar a María Dolores Pradera. Aquel día que la escribimos no lo sabíamos, pero estábamos en realidad haciendo una canción de María Dolores Pradera como ahora quizá ella no lo haya sabido, pero ha dado nueva vida a las canciones de Carlos Cano, al que oímos cantar de emoción en esos silencios que también están en la partitura de sus canciones. Desde la melancolía, como en una larga nana para despertar a un hijo que se le  ha muerto, María Dolores Pradera ha hecho posible la imposible habanera de Carlos Cano”. Antonio Burgos: “Una habanera posible para Carlos Cano”.  














Otros cantantes que han grabado canciones de Antonio Burgos, concretamente las “Habaneras de Cádiz” son: Liuba María Hevia, en el CD “Habaneras del tiempo” (corte11) y “Ángel y habanera” (corte 13). Y Gonzalo Reig  (antiguo componente del grupo “Los Calchakis”), en el CD “Que no calle el cantor” corte 7.
A continuación, voy a reproducir un artículo aparecido en la prensa gaditana hablando de estas “Habaneras de Cádiz” ("La Voz de Cádiz", 4 octubre 2009):
LAS HABANERAS DE CÁDIZ CUMPLEN SUS BODAS DE PLATA.-


El festival de habaneras que llegó por primera vez al Falla la semana pasada lo tenía todo para celebrarse en Barcelona. No ocurrió. Los responsables de actividades de la UNED cambiaron el escenario. Habían sabido de una canción de nostalgias y lejanías, de mar y de horizontes: Habaneras de Cádiz. No hacen falta presentaciones.
En Internet, en los escenarios de los bares, las barras del Carnaval y en las cabezas de los gaditanos de dentro y los del exilio, nativos y adoptados, suena el comienzo de un tango que parieron los versos de Antonio Burgos y los acordes de Carlos Cano. «Desde que estuve, niña, en La Habana no se me puede olvidar tanto Cádiz ante mi ventana, Tacita lejana, aquella mañana pude contemplar...» A solas. La cantaban sin orquestas, ni bandurrias, ni bateas, más que las que los sostenían en su cabeza. Matalascañas, 1984. Nacía un himno.
«Una vez fue que me movió la luz del faro, y le escribí a Cádiz un poema de amor -explica el escritor sevillano-. Y una vez fue que Carlos Cano le puso música a aquel poema de amor, porque en la lejanía de las mulatas del Tropicana habíamos recordado a la misma novia, Tacita, lejana Y una vez fue que Cádiz entero se puso a cantar aquella copla».

La creación
Ese es el resumen literario, aunque la cosa pasó de manera parecida. «Carlos Cano -fallecido en 2000- quería que hiciéramos un trabajo juntos hacía mucho tiempo», cuenta Burgos. Claro, que los viajes tienen finales inciertos. Ambos habían viajado a La Habana por su lado y ambos habían venido con los ojos llenos «no de Cuba, sino de Cádiz». Nunca vieron tanto Campo del Sur «como en el Malecón» y allí se encontraban con una Andalucía no real, pero sí soñada. «La Cabaña recordaba a la Torre Tavira» y las caderas de las mulatas del Tropicana «tenían un algo de pecadoras grupas de las periquitas del Pay Pay».
Así que escribieron la habanera, primero la letra y después la música, pero «había que meterse en Cádiz». Burgos se había metido musicalmente una noche que vio por televisión el certamen de habaneras de Torrevieja. «Aquello sonaba a coro, más sin gracia».
Volvió a José María Pemán en un librito con el texto de La viudita naviera, que tenía varias habaneras. «Sólo había que cogerle el compás, como quien escucha un cuplé en una tienda y se lo quiere aprender. De allí salió el ritmo interior de la habanera, una idea métrica».
Le faltaba la gracia, así que se acordó de Lola Flores vestida de La Legionaria de Quiñones, del brazo de Jesús Fernández Palacios y de lo que le contó Carlos Cano. A la vuelta de cantar en la Cuba de Batista, había dicho aquello de «Hijo, esto es como Cádiz, pero con más negros y con más palmeras que las que hay en el Parque Genovés». La Habana ya era Cádiz con más negritos, Cádiz la Habana con más salero.
Burgos le había leído la letra por teléfono. Otoño 1984. Mataban a Indira Gandhi, se recrudecía el conflicto de Astilleros y los dos autores decidieron pasar un fin de semana en el Coto de Doñana, en Matalascañas, a «rematar y componer».
Carlos iba componiendo verso a verso la música «ante la misma mar de Cádiz». Una hora después, la habanera estaba compuesta. Entonces la cantaron los dos. «Nunca un coro ha tenido menos voces, pero más enamoradas que aquellas dos».

La sorpresa
Entonces, ninguno de los dos se imaginaba el alcance de lo que acababan de conseguir. Ni barruntaba el sevillano que Cádiz le daría una calle entre El Mora y la Caleta y el título de Hijo Adoptivo. No lo sabía, y menos desde que ni la propia casa en que Carlos Cano grabó la primera versión «no le dio la menor importancia frente a otras de Cuaderno de coplas». Estaba metida «de relleno», frente a otra con más proyección comercial.
Sin embargo, el single que la compañía envía a la ciudad es desde el primer momento un pelotazo en Cádiz. En febrero, el Coro de La Viña lleva el estribillo en su popurrí de La Plastilina, con la letra de Antonio Martín. Burgos recuerda cómo, después, una noche Alejo García la pinchó en la Espuela, grabada por María Dolores Pradera.



 
Las versiones
Ya era más que un pelotazo. Muchos y muy distintos se dejaron seducir por las Habaneras, la cantaron y grabaron sus propias versiones. María Dolores Pradera, Pasión Vega, Chano Lobato, Nati Mistral, Los del Río, la coral polifónica Canticum Novum, Coral San Buenaventura; los grupos mediterráneos de habaneras Por Bou, Nubiola, Mar Endins, Aires del Vallés, Agua Dulce, Arrels de la Terra Ferma, Mestre d'Aixa y Els Cremats, la comparsa España La Nueva, entre muchas otras agrupaciones carnavalescas, Liuba María Hevia. De la larga lista, las dos versiones preferidas de Burgos fueron las de María Dolores Pradera y la que hizo el año de La Torcida el coro de Julio Pardo, que acompañó en multitud de ocasiones tanto a Cano como a María Dolores Pradera.
No da una cifra exacta de lo que le dejaron aquellos 42 versos en derechos de autor. Lo habitual en España, «poco». Y recuerda lo que le dice Felipe Campuzano, que si vivieran en Estados Unidos, viviría de Las salinas y Burgos de las Habaneras. «Y estaríamos todo el día rascándonos la barriga en una pedazo de piscina en Beverly Hills».
Los premios fueron otros. La calle, el título de Hijo Adoptivo de la ciudad, el pregón del Carnaval. «Total, por un piropo que escribí. Como la noche en la canción de Ana Belón, creo que a Cádiz se le fue la mano conmigo. Sobre todo, que los gaditanos me consideren paisano».
Un honor. Así considera el autor que sus Habaneras entre en el círculo glorioso de los himnos que elige una ciudad, no los que vienen impuestos. «Sobre todo pensando que los otros himnos oficiosos son Los duros antiguos, o Gaditana de La Fantasía de Quirós, sin olvidar Me han dicho que el amarillo de Manolito Santander».
Si tuvo el premio de la ciudad adoptiva, también sufrió la pelusa de la nativa. «Sevilla tiene guasa, porque aunque se tiene por la Ciudad de la Gracia, es la Ciudad de la Guasa». Aunque no vino de ahí lo de la «segunda salida de Don Quijote en versión de El Bati», que fue Habaneras de Sevilla. Tarde. Las habaneras ya eran las de Cádiz, aunque fueran un tango, «la misma manera, tan dulce y galana y el mismo compás». Desde entonces lo canta ya un coro en la plaza.
Nadie sabe, excepto el autor de aquellos versos, cuando se dio cuenta de lo que había parido. Pero era el texto de su vida. Pasados los años, con la dimensión y el horizonte del tiempo, si tuviera que salvar un solo folio de los cientos de miles que ha escrito, «sería ese».
No quiere decir que fuera perfecto. No hay textos de esos que dejan a un autor absolutamente satisfecho, siempre se pueden corregir. O quizás no haya autores de esos. ¿Cambiaría una coma? «Si acaso un verso que Fernando Quiñones siempre me corregía, y que me recordó hasta la última vez que nos vimos, en el salón de plenos del Ayuntamiento, ya él con media en las agujas, el pobre». Le decía siempre: «En vez de canción tan rica/se la dedican los trovadores tenías que haber puesto cosita rica, que es mucho más antillano (añado que sin premio lo de antillano, no me vaya a pasar como a Mariano Baquedano en el cuplé del Callejón de los Negros)».


 
Y yo, Cádiz, te dedico y te lo explico
por qué te canto este tango que sabe a mango,
de esta manera esta habanera
de piriñaca y de Carnaval...
Son de chirigota, sabor de melaza,
Guantánamo y Rota...
¡Que lo canta ya un coro en la plaza!


 
DISCOGRAFÍA.-
CARLOS CANO: Cuaderno de coplas, LP (Ariola, 1985).
MARÍA DOLORES PRADERA: Reverdecer, LP (1986)
CARLOS CANO: Quédate con la copla, LP (CBS-Sony, 1987)
CARLOS CANO: Luna de abril, LP (CBS-Sony, 1988).
MARÍA DOLORES PRADERA: A mis amigos, LP (Zafiro, 1988).
MARÍA DOLORES PRADERA: Toda una vida CD (1995).
LIUBA MARÍA HEVIA: Habaneras del tiempo CD (1995).
CARLOS CANO: De lo perdido y otras coplas, CD (2000).
MARÍA DOLORES PRADERA: A Carlos Cano, CD (BMG, 2001).
LIULA MARÍA HEVIA Ángel y habanera, CD (2004).
GONZALO REIG: Que no calle el cantor, CD (2008).

BIBLIOGRAFÍA.-
GONZÁLEZ LUCINI, FERNANDO: …Y la palabra se hizo música. La canción de autor en España (tres volúmenes). Iberautor: Madrid, 2006.
GONZÁLEZ LUCINI, FERNANDO: Carlos Cano. Ediciones Júcar: Gijón, 1983.
TÉLLEZ, JUAN JOSÉ: Carlos Cano, una historia musical. Iberautor: Madrid, 2003.


1 comentario:

  1. estoy hospedandome en un apartamento en buenos aires durante un mes y me gustaria poder comprarme algun libro de Burgos.. es muy buen escritor.. espero conseguir alguno

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